5 de junio de 2013

Tan alto como el cielo.

Personas sin las que no puedes vivir, eso es lo que forma un corazón. Hay gente que tiene más y gente que tiene menos.
Los trozos de corazón son frágiles y caprichosos, teniendo en cuenta que son tuyos, pero no dependen de ti y los puedes perder. Cuando un trozo de corazón se destruye, es un estado constante de agonía, es sentir durante un tiempo indefinido el agua helada contra tu cuerpo cuando te tiras desde un acantilado durante una noche de invierno.
Por suerte o por desgracia, el trozo más grande de mi corazón fue destruido. Él, la persona a la que más quería, a la que puse en un pedestal tan alto como el cielo, tan protegido que nada le haría caer... Y un buen día, decidió bajar de su trono, corrompiendo el resto del corazón.
Desde ese momento, empecé a darme cuenta del valor que tiene una persona que llega a ser un trozo de corazón. Sin embargo, no aprendí cómo cuidarlos a todos.
Cuando no llevas el suficiente cuidado con uno, éste se pica, se va vaciando y se convierte en una cáscara. Lo más curioso es que a pesar de vaciarse, para ti es importante, sigue latiendo.
Los latidos son cada vez más intensos, como una señal de alarma, hasta el punto de que te parten el pecho, queriendo escapar de esa prisión que forma la caja torácica.
En cuanto suena la alarma, sabes que tienes que ponerle remedio y cómo lo hagas depende sólo de ti, ya que el trozo de corazón ha cumplido su función.

2 de junio de 2013

Lavado cara. Mismo corazón.

Esta es una de las pocas veces en las que tengo claro lo que quiero. Sé cuál es mi sitio y a quién quiero tener a mi lado. Sé lo que quiero mantener. Tengo claro quiénes forman mi corazón. Más que nunca.
Cristina.
Sandra.
Desireé.
Josevi.
Domingo.
Os digo que os amo, que os quiero (excepto a Sandra, que la alleo), pero esas palabras se usan demasiado ahora mismo. Muchas veces, sin ni siquiera sentirlo. Estoy harta de mentiras que abundan en el aire, que cobran vida propia y se apoderan de almas ajenas.
Y como no llevo demasiado bien eso de las promesas, os hago un juramento, aquí, ahora, que no olvidaré en toda mi vida:
Haré lo imposible por no perderos
 No sé si sabéis por qué no llevo bien lo de las promesas... Es algo pasado, que os explicaré si queréis, porque aunque le haga a este blog un lavado de cara, sigo manteniendo el mismo corazón roto que os quiere con cada trocito que sigue latiendo.
Es un te quiero de los de verdad, no es por cumplir. Os quiero, muy mucho.