31 de diciembre de 2013

Adiós, 2013.

Quedan horas para que se acabe este año y yo me hallo aquí, en lugar de hacer algo productivo con mi vida, preguntándome qué es lo que ha sucedido este año.
Este 2013 empezó con el propósito de no perder a esas personas que me importaban tanto. Recuerdo que, para variar, empecé el año con el corazón en un puño, y podría decirse que ese propósito lo hice por una sola persona.
Me corté el pelo con la intención de eliminar el dolor, y aunque no lo he conseguido, se ha aliviado bastante, pero no por el corte, claro está, sino por todas esas personas que han hecho que este año merezca la pena.
No voy a enumerarlas, esas personas saben quiénes son, y os doy las gracias, de todo corazón, por el simple hecho de estar ahí y demostrar que sois tan grandes.
En fin, no me enrollo más, voy a dejaros una ristra de fotos rememorando este gran año. 
Disfrutad la recopilación, que he intentado hacerla en orden -más o menos- cronológico.

 ¿Cuántas gilipolleces habremos hecho desde que nos conocimos, Princesa de Hierro?
Como nuestras sesiones de DJ's en twitter. 
 No podían faltar los tochos, rememorando la época de exámenes.
 Y esos mosquitos grandes, malos y feos que me querían comer...
 Todo el tiempo que fuimos (y seremos) vaginas.
 Amor friki para Mirian.
 Allearla tanto que no importe si la violas en el parking del Mercadona.
 ¿Qué puedo decir? Adoro esa foto y lo adoro a él.
 Mis Cristinas, que son amores andantes.
 Y aquí me despedí de mi pelo largo... ¡Qué insensata eres, Celia!

 Recuerdos con Ambrosio y mis chicas teleco. ♥ 
 La chupi pandi retarder.
 Una Prinsesa de Fresa y un Prínsipe Asul conmigo. >///<
 ¡CORRE, PLÁTANO! -Se añade a las frases míticas junto con el "sikesverdáh".
 Mis modelitos para bailar la danza del vientre.
 Días de playa con la misma gente desde tiempos inmemorables.
 Días de playa en los que acabas con rodillas de putilla.
 Una tarde haciendo una familia de Pikachus.
 ¿Retraso el mío? Nah...
 Mi Norber.
 Monosidad nivel: blue.
 Party hard con el after-sun. La mejor fieshta de mi vida.
 Preocupáh.
 Clases divertidas con Filiberto e hijo.
 Mi primer viaje a Zaragoza con su respectiva jura de bandera.
 Excursiones en Cartagena. "Adiós, Celia" como estilo de vida.
 Fiesta montada al recibir una batamanta como regalo.
 Comida "a lo japo".
 Our first cosplay. Triunfo con el tío del masaje incluido. 
Y por último, mis amigos, mi familia moernah. Somos la Modern Family 4.5, diferentes, únicos, buapos... vamos, que os quiero comer a todos. Sois... no sé cómo explicároslo, sois demasiado buenos para ser de este mundo.

Lo único que me queda por decir es que mi propósito para este nuevo año es el mismo que tenía el año pasado, pero con mucha más esperanza y muchísima menos tristeza. Yo estaba segura de que iba a perder a mucha gente, y sin embargo, no sólo no he perdido a nadie, sino que he ganado. 
Así que, querido 2014, más vale que sigas ofreciéndome lo mismo y sin arrebatarme nada -nótese el tono amenazante-. Tengo el presentimiento de que este año será mucho mejor que el pasado... ¡más vale que no me equivoque!

5 de diciembre de 2013

Recuerdos de un febrero.

A una semana de mi decimonoveno cumpleaños me hallo como un flan. Hasta qué punto es bueno o malo... no lo sé. Sin embargo, lo que sí sé es que sólo he estado así en situaciones como ésta o por alguien que me importaba demasiado.

Recuerdo que la última vez que estuve así fue por uno de mis mejores amigos, cuando hace casi un año, pensé que le perdía. Por suerte, como pocas veces en mi vida, me equivocaba. La verdad es que en ese momento, fue insoportable. Más de tres horas con ese tic nervioso que me da y no puedo parar.

Otra de las ocasiones, fue estando delante de un rey. No logro entender cómo pude reunir el valor necesario para plantarme enfrente de él, a pesar de que los nervios me estaban devorando, y aclarar lo que pasaba.

Alguien que no haya pasado por lo mismo, no tiene ni idea de lo horrible que es. Aunque, ahora que lo pienso, cada vez que me ha dado ese tic ha sido porque pensaba que iba a acabar mal y, al final, siempre ha acabado bien.

Pero la hipótesis de que ese tic nervioso es un buen presagio, no me basta. Mi experiencia me dice que ese buen final llega después del dolor. Así que no haré lo mismo que me hicieron a mí. No seguiré su ejemplo. No quiero ese tipo de dolor para nadie. 

En realidad, todavía no sé qué debo hacer, pero al menos, ya sé lo que no quiero decir. No quiero que nadie quede marcado por una frase como lo estoy yo. Os pareceré una tontería tan grande como una catedral, pero es algo que te define, te limita, te prohíbe... llamadlo como queráis, en definitiva, no es agradable y no es nada que puedas sentirte orgulloso de contar. 

Así que, en la medida de lo posible, si vivís un momento importante, medid vuestras palabras y no dejéis a nadie marcado, ni siquiera la peor persona del mundo merece algo así.