31 de diciembre de 2013

Adiós, 2013.

Quedan horas para que se acabe este año y yo me hallo aquí, en lugar de hacer algo productivo con mi vida, preguntándome qué es lo que ha sucedido este año.
Este 2013 empezó con el propósito de no perder a esas personas que me importaban tanto. Recuerdo que, para variar, empecé el año con el corazón en un puño, y podría decirse que ese propósito lo hice por una sola persona.
Me corté el pelo con la intención de eliminar el dolor, y aunque no lo he conseguido, se ha aliviado bastante, pero no por el corte, claro está, sino por todas esas personas que han hecho que este año merezca la pena.
No voy a enumerarlas, esas personas saben quiénes son, y os doy las gracias, de todo corazón, por el simple hecho de estar ahí y demostrar que sois tan grandes.
En fin, no me enrollo más, voy a dejaros una ristra de fotos rememorando este gran año. 
Disfrutad la recopilación, que he intentado hacerla en orden -más o menos- cronológico.

 ¿Cuántas gilipolleces habremos hecho desde que nos conocimos, Princesa de Hierro?
Como nuestras sesiones de DJ's en twitter. 
 No podían faltar los tochos, rememorando la época de exámenes.
 Y esos mosquitos grandes, malos y feos que me querían comer...
 Todo el tiempo que fuimos (y seremos) vaginas.
 Amor friki para Mirian.
 Allearla tanto que no importe si la violas en el parking del Mercadona.
 ¿Qué puedo decir? Adoro esa foto y lo adoro a él.
 Mis Cristinas, que son amores andantes.
 Y aquí me despedí de mi pelo largo... ¡Qué insensata eres, Celia!

 Recuerdos con Ambrosio y mis chicas teleco. ♥ 
 La chupi pandi retarder.
 Una Prinsesa de Fresa y un Prínsipe Asul conmigo. >///<
 ¡CORRE, PLÁTANO! -Se añade a las frases míticas junto con el "sikesverdáh".
 Mis modelitos para bailar la danza del vientre.
 Días de playa con la misma gente desde tiempos inmemorables.
 Días de playa en los que acabas con rodillas de putilla.
 Una tarde haciendo una familia de Pikachus.
 ¿Retraso el mío? Nah...
 Mi Norber.
 Monosidad nivel: blue.
 Party hard con el after-sun. La mejor fieshta de mi vida.
 Preocupáh.
 Clases divertidas con Filiberto e hijo.
 Mi primer viaje a Zaragoza con su respectiva jura de bandera.
 Excursiones en Cartagena. "Adiós, Celia" como estilo de vida.
 Fiesta montada al recibir una batamanta como regalo.
 Comida "a lo japo".
 Our first cosplay. Triunfo con el tío del masaje incluido. 
Y por último, mis amigos, mi familia moernah. Somos la Modern Family 4.5, diferentes, únicos, buapos... vamos, que os quiero comer a todos. Sois... no sé cómo explicároslo, sois demasiado buenos para ser de este mundo.

Lo único que me queda por decir es que mi propósito para este nuevo año es el mismo que tenía el año pasado, pero con mucha más esperanza y muchísima menos tristeza. Yo estaba segura de que iba a perder a mucha gente, y sin embargo, no sólo no he perdido a nadie, sino que he ganado. 
Así que, querido 2014, más vale que sigas ofreciéndome lo mismo y sin arrebatarme nada -nótese el tono amenazante-. Tengo el presentimiento de que este año será mucho mejor que el pasado... ¡más vale que no me equivoque!

5 de diciembre de 2013

Recuerdos de un febrero.

A una semana de mi decimonoveno cumpleaños me hallo como un flan. Hasta qué punto es bueno o malo... no lo sé. Sin embargo, lo que sí sé es que sólo he estado así en situaciones como ésta o por alguien que me importaba demasiado.

Recuerdo que la última vez que estuve así fue por uno de mis mejores amigos, cuando hace casi un año, pensé que le perdía. Por suerte, como pocas veces en mi vida, me equivocaba. La verdad es que en ese momento, fue insoportable. Más de tres horas con ese tic nervioso que me da y no puedo parar.

Otra de las ocasiones, fue estando delante de un rey. No logro entender cómo pude reunir el valor necesario para plantarme enfrente de él, a pesar de que los nervios me estaban devorando, y aclarar lo que pasaba.

Alguien que no haya pasado por lo mismo, no tiene ni idea de lo horrible que es. Aunque, ahora que lo pienso, cada vez que me ha dado ese tic ha sido porque pensaba que iba a acabar mal y, al final, siempre ha acabado bien.

Pero la hipótesis de que ese tic nervioso es un buen presagio, no me basta. Mi experiencia me dice que ese buen final llega después del dolor. Así que no haré lo mismo que me hicieron a mí. No seguiré su ejemplo. No quiero ese tipo de dolor para nadie. 

En realidad, todavía no sé qué debo hacer, pero al menos, ya sé lo que no quiero decir. No quiero que nadie quede marcado por una frase como lo estoy yo. Os pareceré una tontería tan grande como una catedral, pero es algo que te define, te limita, te prohíbe... llamadlo como queráis, en definitiva, no es agradable y no es nada que puedas sentirte orgulloso de contar. 

Así que, en la medida de lo posible, si vivís un momento importante, medid vuestras palabras y no dejéis a nadie marcado, ni siquiera la peor persona del mundo merece algo así.


26 de noviembre de 2013

Llamémoslo "amor".

Esta noche me hallo escribiendo con el propósito de... No sé, no tengo un propósito. Es simplemente que necesito descargar toda esta marea de cosas que me inunda.
Una marea de exámenes, prácticas y... ¿amor? Ni siquiera sé si podría llamarlo así. Es algo muy extraño.
Nunca había pensado que podrían volver esas risas nerviosas, esas miradas, eso de ponerte como un tomate en dos segundos, en definitiva, esas mariposas. No otra vez.
Hasta ahora, me había cerrado en banda. No estaba obsesionada con encontrar un rey, lo que buscaba era a ese rey en otra persona, ¿y sabéis qué? No existe, y por increíble que parezca, me da igual.
Creía que sólo él cumplía eso que yo llamo "prototipo", pero me equivocaba, y gracias al cielo, porque he encontrado a mi friski. Sí, como lo leéis, un friski, rubio con ojos azules, vamos, mi sueño hecho realidad, aunque parezca imposible.
Así que ahí me tenéis, "enchochada viva" a finales de noviembre, como hace siete años, pero con otro prototipo. (*) Sólo espero que no esté tanto tiempo en "stand by", es lo último que le faltaría a mi marea. 
Dicho esto, ya puedo dormir tranquila y seguir integrando. 
Gracias por leer mis mierdas barra tonterías. Sois unos cieletes. ♥

(*) Si me pongo muy gilipollas o hablo mucho de él, pegádme, sé que me lo merezco.

20 de noviembre de 2013

18+1

No sé por dónde empezar, la verdad. Hay muchas cosas que quiero decirte y, sin embargo, siento que no puedo decirte nada más. Te has convertido en alguien muy importante para mí, como suelo decir, en una debilidad.
En un momento determinado te dije que no podía ofrecerte nada más, y quizá estuviera equivocada, ahora mismo siento que puedo ofrecerte más amor que nunca, aunque es posible que no tanto como el que te mereces. Te lo he dicho muchas veces, eres fuerte, más que muchas de las personas que conozco, y lo creas o no, te admiro, pequeña. Eres una princesa de fresa que sobrevive en un mundo negro y en realidad, no sé cómo lo logras. Yo sé que no podría...
Me estoy desviando del meollo de la cuestión, para variar, así que volviendo al tema que nos concierne...

¡¡¡¡FELICES DIECIOCHO MÁS UNO!!!!

Recuerda que aquí estoy para todo lo que necesites, sin importar la hora o el día que sea (tengo que matizar ésto, no vaya a ser que un día me pilles follando  comiendo y no pueda atenderte), porque nuestro hamor es eterno, hasta que ardamos en el infierno.



Te adora, te quiere, te ama, te todea, te viola, te folla, caca, culo, pedo, pis, y para siempre, abre, cierra, wiiii, en definitiva, te allea, 

La Reina de Corazón Azul.


18 de noviembre de 2013

Primera vez.

Estoy aquí escribiendo por esos venazos que me dan de vez en cuando, en un intento de solucionar mis comederos de cabeza.
Lo que me ha pasado hace apenas media hora es lo siguiente: estaba saliendo de la ducha, pensando en que tengo prácticas sin terminar, cuando de repente se me ha venido a la cabeza la pregunta típica de si la primera vez tiene que ser con o sin amor.
Habrá diferentes opiniones respecto a este tema, y yo voy a dar la mía, que no es ni buena ni mala, simplemente, es mía. 
No creo que exista sólo una primera vez. Si no limitamos la expresión al sexo, hay muchísimas primeras veces en la vida y de muchas no somos conscientes. Sin embargo, las primeras veces que tenemos y guardamos recuerdos de ellas, ¿por qué suceden? ¿Por qué hacemos algo por primera vez? Y con ese "algo" me refiero a cosas que son importantes para nosotros, como viene siendo dar un beso, follar (vulgarmente hablando), e incluso fumar, beber o tatuarte. Estoy completamente segura de que cada persona tiene un motivo para hacer cosas de ese tipo por primera vez.
En mi caso, sólo hay dos motivos y ambos son muy fuertes. Se llaman "amor" y "curiosidad". Ya sabéis cuán grande puede ser el amor y las locuras que se hacen por él, pero, ¿tenéis idea de hasta dónde puede llegar la curiosidad humana? 
En mi caso concreto, muchísimas de mis primeras veces han sido por curiosidad, incluyendo mi primer beso. Sí, algo tan tierno como eso lo busqué por pura curiosidad. Ahora bien, si nos referimos a la primera vez en ámbito sexual, no ganó la curiosidad, no se puede comparar al sentimiento que existe al entregar algo así a alguien a quien quieres de verdad.
Quizá yo no sea la persona más adecuada para hablar de ésto, pero habéis de saber que hasta alguien como yo puede hacer a un lado el amor por satisfacer su curiosidad, pero claro, habrá un límite.
Así que tú, que me estás leyendo, piénsalo, ¿qué te mueve hacia tus primeras veces? Y más importante aún, ¿lo haces con o sin amor?

8 de noviembre de 2013

Reflexión de última hora.

No escribes claro.
 Hace unos días me dijeron esa frase, y para ser sincera, ni si quiera me importó, pero es de estas cosas que en un instante te paras a pensar "¿y si lleva razón?". 
Sabéis que cuando yo empiezo a pensar en los típicos "¿y si...?", me pierdo. Creo que el problema que tengo es que mi mente a la hora de escribir va más rápida que mis dedos y por eso hago saltos. Es algo caótico, la verdad. Hay veces que ni yo misma me aclaro, pero no olvidemos que esto no es un blog para expresar mis ideas sobre religión o política. Este es un blog hecho, en su mayoría, por mi corazón para sí mismo. Si lo leéis, muy bien, pero no es su función original. Yo lo que busco es... desahogo. Sí, podría llamarlo así.
Recuerdo que cuando empecé a necesitar soltar todo lo que tenía dentro fue por un rey. ¿Qué cojones? Voy a dejarme de nombres en clave. Empecé a escribir por Rubio. Puede ser que en algunos momentos penséis que no está reflejado en ningún sitio, pero fijaros en el título principal: "te quiero como a nadie más podría". Ahora mismo debería estar en pasado. Sin embargo, soy animal de costumbres, me gusta dejar lo que escribo a la vista y sin modificar, para que podáis contemplar toda mi vida.
Habéis de saber que pasado este mes, harían siete años desde que le conocí y aún tengo ese momento grabado en la memoria. Aviso que eso no implica que me muera por sus huesos, ¿eh? Es un recuerdo bonito que marcó un antes y un después en mi vida, pero a fin de cuentas, un recuerdo.
En fin... Espero que haya quedado todo más o menos claro. Siempre es bonito recibir críticas, significa que alguien se aburre tanto que me lee. Gracias por vuestra colaboración, sois amor. ♥

3 de noviembre de 2013

¿Consejero Real? Bah, mejor diremos "amigo".

Queridos, hoy vengo a confirmar que soy una idiota. Sí, tal cual leéis. Soy una grandísima idiota. ¿Por qué? Porque tengo el "don" de poder estar comiéndome la cabeza y encerrarme ahí dentro, sin llegar a ver qué es lo que hay en realidad.

Ahora lo comprendo: no importa si no pasas tiempo con una persona o no habláis, si de verdad sois amigos, lo seréis siempre.

Creía que ese Consejero Real ya no era nada, que estaba fuera del Reino. Sin embargo, sigue ahí, quizá no como Consejero, pero ¿y si no es ese el papel que merece? No creo que deba ser un Consejero, no es un buen ejemplo a seguir. Tampoco podría ser un Príncipe, no encaja en ese perfil... Supongo que en el fondo, el papel que va con él es el que tiene, amigo, pero no el tipo de amigo que dicen los diccionarios, sino el que es un verdadero amigo. Aunque no sea el mejor, está ahí, que es lo que cuenta.

Es cierto, quizá no sea el mismo, pero, ¿eso qué más da? ¿Y qué si tiene otros amigos? Pues encajarán mejor con él, seguirán su misma línea, ¿qué importa? Que haga lo que quiera con su vida. Yo lo único que quiero es mirarle a los ojos y ver que sigue estando ahí. Quiero que ese "pasarán cuarenta años, te veré por la calle y te daré un abrazo" suceda de verdad. Eso significará que seguiremos siendo amigos, de los verdaderos.

Cierto es que en otra ocasión le habría dado las gracias por seguir ahí, estar cuando se lo pido y esas cosas, pero ahora mismo, no, porque la clave no es agradecer nada, sino ofrecer lo mismo que recibes.

1 de octubre de 2013

Más negro, para variar.

Campillo decía que no sé la suerte que tengo por tener un corazón tan grande. Lo que él no sabía es que la desgracia también es mayor.
Yo creía que ya había derramado bastantes lágrimas, pero no, por lo visto lo mío nunca va a ser un amor correspondido con nadie, lo mío es un "da todo lo que tienes, que recibirás la nada". Bueno, en realidad no es exactamente nada lo que recibo, lo que tengo es ese puto dolor que no deja respirar, y yo... no quería que volviera. 
Estoy harta de toda esta mierda que no deja ver el horizonte. Quería que todo fuese perfecto, queriendo a ese séquito como a mi propia vida... pero, ¿de qué me sirve? ¿Para qué empeñarme en hacer algo que está claro que va a acabar mal? No tiene sentido.
No me esforzaré más. No quiero más dolor del que pueda soportar, y ahora mismo... No puedo. Sencillamente, no puedo. No me sirve el típico "Sécate las lágrimas y sonríe, princesa". Ni pienso secarme las lágrimas ni soy una princesa. Sólo soy una imbécil que atrapa el dolor, lo espachurra y lo encierra en lo más profundo de su corazón, la misma que se halla aquí, escribiendo cuando más le duele.

24 de septiembre de 2013

Sé por qué no.

A las personas que nos han roto el corazón, se nos hace difícil volver a tenerlo entero. Normalmente, algún trozo se lo queda la persona que nos lo rompe. Quizá sea insignificante, pero es nuestro corazón y debería estar con nosotros.

Personalmente, no admiro a ninguna persona que tenga el corazón intacto, sin un rasguño, eso para mí, no tiene valor. Esas personas no podrán entender nunca lo que es el Dolor. Sí, Dolor, con mayúscula, del tipo ese que no te deja respirar por las noches, del que hace que te levantes con los ojos hinchados y doloridos, de ese tipo al que te vas acostumbrando a tener hasta el punto de pensar que morirás con él.

Desde que yo misma lo sufrí, empecé a admirar a esas personas que lo tienen y sonríen. Intentan no preocupar a nadie y evitan volver a sentirlo. Quería ser alguien así, quería pintar una fachada perfecta y construir un muro que nadie más pudiese atravesar. Sin embargo, lo que pinté fue un cielo azul y construí un reino sin fortaleza.

En realidad, no creo que nadie pueda tener un muro así. El amor tiene que entrar por alguna parte, porque todo el mundo lo necesita, en mayor o menor medida, y cuanto más roto tienes el corazón, más amor necesitas para mantenerlo unido.

Siempre he pensado que necesitaba algo más... A él. Nunca entendí su "No lo pongas más difícil, ya sabes que no", hasta ahora. Ya sé lo que necesito y también lo que quiero. Sé que tengo todo lo que necesito. Tengo todo ese amor que hace que mi corazón permanezca unido.

¿Pero acaso es eso lo que quiero? No, ni de lejos.

Sabéis que soy una amante fiel de los retos, que lucho por lo que quiero hasta el último aliento, quizá tarde un poco más que los demás por el tema de la vagancia, que no me abandona, pero eso no implica que no lo haga.

Esta vez el reto es conseguir lo que quiero, y aunque parezca mentira, nunca antes me he propuesto nada parecido...

Yo lo que quiero es un corazón que acompase sus latidos con los míos. Quiero que esté roto y siga luchando. No quiero que me aporte amor, sino felicidad. Quiero risas, locuras y tonterías por doquier. Quiero esas medias sonrisas que hacen que mojes bragas. Pero sobretodo, lo que quiero más que nada es aprender. Sí, aprender, quiero que ese corazón roto sea capaz de aportar siempre algo. Quiero que a pesar de conocerlo, sea impredecible.

Por todo ésto, ya sé por qué no. Él era capaz de cumplirlo todo salvo una cosa: seguir luchando. En vez de eso, él se limitaba a sobrevivir.

Os parecerá que no es un buen motivo, pero para mí lo es, porque no es lo mismo sobrevivir a la batalla que luchar en ella con toda tu alma.

7 de septiembre de 2013

Un día épico.

Es impresionante la cantidad de cosas que podemos sentir en una noche y las diferentes formas que tiene de manifestarse eso que llaman "amor".
Ya sabéis que mi corazón está roto, pero que sigue latiendo por Corazón Azul. Y en realidad, no sigue latiendo por un reino, sigue latiendo por las personas que hay en él. Esas personas no son mis súbditos, son mis amigos. Y creédme, son los mejores amigos que nadie ha tenido nunca. Somos muy diferentes, pero nos queremos. Sólo por eso, somos grandes.
No pensé que un día épico como iba a ser ayer fuera a acabar así, descubriendo cuán grandes somos. Eso hace que sea aún más épico.

Todo empezó con una mañana de reencuentros, es decir, alegría. Planificada estaba una noche de despedida. Una noche que anunciaba tristeza. Lo que ninguno sabíamos era cuánta. Tanta como para estar una madrugada en vela. Esas horas de la noche nos hacen recordar todo lo sucedido.
Recuerdo que mi curiosidad empezó hace unos días. Quería saber qué era aquello que había hecho que mi Consejero fuera exiliado. Y la verdad, sólo cuando lo tuve entre mis manos lo pude entender. Recuerdo que tuve miedo, pero había hecho aquello con un propósito. Al menos, eso era lo que yo creía.
Lo creía, sí. Ya no lo creo. Después de lo que vi anoche, he cambiado de parecer. Jamás pensé que sería así y mucho menos que pudiera doler tanto.
Es en la madrugada cuando empiezas a recordar conversaciones y actos, todo lo que te ha marcado.
Han envenenado a tu Príncipe Azul.
Y en ese momento, cuando estábamos los dos solos, se me derrumbó el mundo. Sentí unas enormes ganas de llorar. Jamás le había visto así. Sin embargo, me dediqué a parecer una auténtica reina y sonreí.
No importa, yo te quiero igual, estés drogado o sin drogar.
¿Con lentillas y sin ellas, no?
El "Cállate" que le solté a mi corazón cuando le escuché recitar lo que yo había redactado fue increíble.
Exacto. Eres mi Príncipe.
Creo que ha sido la noche más larga de toda mi vida. Estaba preocupada, pero a la vez, no quería saber nada más. Supongo que tenía miedo. Miedo de que no estuviera bien.
Hoy me he enterado del resto de la historia, pero no es mía. Mi historia fue el dolor en la noche. El mismo con el que me he levantado. Que ha estado ahí, hasta que hemos hablado.
En realidad, está bien. Todo. Ahora lo pienso y... no me hubiera gustado estar en otro sitio. No lo cambiaría. Es cierto que yo no quería que acabara así, pero en el fondo, no pasa nada. Los amigos no están sólo en lo bueno, también deben estar en lo malo. Yo he estado ahí, lo he visto todo y... aunque duela, no importa.

Ahora lo tengo claro, sé que no era miedo lo que sentía, sino amor. Era puro amor. Esa clase de amor que te hace dar la vida por alguien. Esa clase de amor tan incondicional que lo perdona todo. Ese amor que siento por ese séquito de princesas y ese príncipe, que me hace ser mejor persona. Porque los "te quiero" que les digo son de verdad, no por cumplir, y nunca antes me había dado cuenta de lo perfecto que es.

25 de agosto de 2013

"Un corazón nunca olvida".

Me gustaría hablar del amor y de lo perfecto que es. Sin embargo, no estoy aquí para eso. Estoy aquí reflexionando sobre un futuro que tarde o temprano llegará.
Mis reflexiones nocturnas me han hecho darme cuenta de que debo dejar de buscar un rey que me devuelva el cielo azul. A raíz de eso, he de saber que al mirar hacia arriba, será más gris.
Lo cierto es que todo el reino se está acostumbrando al gris. Deben hacerlo, ya que tarde o temprano, yo misma vestiré de negro.
No os voy a mentir, pasarán mil años y el dolor seguirá existiendo en Corazón Azul. Es increíble, pero es así. Y lo siento, pero no puedo dejar mi reino en manos de nadie. Cuando yo muera, el reino morirá conmigo. Al fin y al cabo, es mi historia. Si se la dejara a otra persona, vendría a teñirlo todo de otro color y... no puedo permitirlo. Es mi dolor, negro, y ya me he cansado de querer ocultarlo. Son mis alegrías, esperanzas e ilusiones, azules, que tienen que ser más fuertes que el dolor.
Al fin y al cabo, llegará un día en el que el dolor será insoportable y mi reino se volverá más negro que nunca. Cuando llegue ese día, todo saldrá a la luz. Todos los perdones no dichos, el orgullo que jamás fue tragado y las personas que nunca fueron olvidadas.

4 de agosto de 2013

Día de sonrisas ácidas.

Hoy, el reino Corazón Azul se viste de negro una vez más. El rey ha hecho que el cielo sangre con una sonrisa ácida. Ese rey no se da cuenta de que cada vez que aparece es para traer tristeza.
Sé que debería olvidarlo, debería destrozar su corona y no dejar que vuelva a corromper  Corazón con su presencia.
Aún así… no pude evitarlo. El rey no tenía el cielo en sus ojos. El cielo había desaparecido y su azul había pasado a ser un gris profundo y oscuro que anunciaba tormenta.
Mi deber es proteger el reino, disipar la oscuridad y devolver el azul. Aunque se trate de mi rey, debo cumplirlo. Ya habrá alguien que se vista de negro por él, y si no hay nadie, lo haré yo, pero no mi reino. 
Si el rey hace que el cielo se ennegrezca, yo lo volveré a teñir, recuperaré ese cielo que perdimos con todas las esperanzas e ilusiones que teníamos. El azul prevalecerá hasta mi muerte. Sólo entonces, se quedará allí arriba, más intenso que nunca, y cubrirá un reino dulce, rosa y lleno de amor.

7 de julio de 2013

Bienvenidos al reino Corazón Azul, es decir, el mío.

Mi reino no es perfecto, nunca lo ha sido, pero se podía vivir tranquilamente, sin puntos de inflexión en las emociones de la gente, sin rencores ni odios, sólo con amor. El más puro amor que se podía alcanzar.
Como reina del lugar, creé un castillo donde vivir con mi rey y cuando la construcción fue acabada, pasó algo... Quizá me descuidé. Quizá le presté demasiada atención al rey... pero deberíais haberle visto. El rey era la alegría de todo el reino. Sabía todo lo que ocurría y estaba siempre dispuesto para cualquier cosa. Tiñó todo el reino con el azul de sus ojos, impregnando cada sitio que pisaba. 
Eran tiempos felices y un buen día, el rey se esfumó. Desde ese momento, la alegría cesó y todo el reino se vio envuelto en el más profundo dolor causado por la pérdida de tan maravillosa persona. El dolor desmoronó el castillo. La sala del trono quedó fría, oscura e inundada.
Pasó el tiempo y allí seguía yo, llorando sin apenas darme cuenta de lo que ocurría. No sé exactamente cuándo sucedió, sólo recuerdo que vi una luz acercarse, escuché el tarareo de una melodía y noté una mano que me subía a un bote. Miré a mi alrededor. Toda esa agua eran mis lágrimas derramadas por él... Tenía los ojos entumecidos y no pude hacer otra cosa más que cerrarlos y caer en aquel calor.
Cuando me desperté, un chico me miraba sonriente. Se presentó como el Consejero Real. Pese al dolor que perforaba mi corazón, su sonrisa era contagiosa y accedí a escucharle. Él me enseñó lo que había ocurrido. Me mostró el estado en el que se encontraba el reino. Me hizo reunir el valor necesario como para obviar al rey y seguir adelante.
En poco tiempo, el reino parecía el mismo, tan alegre como siempre y todo gracias al Consejero. Él fue mi mano derecha, una parte imprescindible en aquella época, nuevamente feliz. 
Sin embargo, los recuerdos estaban al acecho. No se podía reconstruir el castillo. Allá en el horizonte, donde nadie podía verlo, se alzaba esa sombría guarida que tiempo atrás había guardado tanto amor. Mis ojos se percataban de que algo no estaba bien. Ese muchacho había devuelto la paz pero... no podía ocupar el lugar del rey. Nadie podía. Y es que cuando dejó su trono, se llevó el azul del cielo en sus ojos.
Mientras me hacía a la idea de que ese hueco permanecería allí para siempre, me dí cuenta de que alguien tendría que proteger mi reino cuando yo no estuviera... Entonces aparecieron esas personas a las que hoy en día quiero y les debo tanto: mi princesa de fresa, mi príncipe azul y la principesa más grande del mundo.
Cuando nombré como mi sucesora a la princesa de fresa, todo parecía ir bien. Todos eran felices... incluso yo. Por desgracia, en el reino Corazón Azul, la felicidad está destinada a acabarse.
Ahora mismo, el Consejero Real camina por las afueras del reino, como si éste no fuera su sitio. Está perdido y parte de mi reino se ha perdido con él. Vuelvo a sentir esas agujas traspasándome la piel y rozándome el corazón. Por suerte, no lo atraviesan. 
No voy a mentiros, duele. Duele muchísimo. Pero aunque duela, sé que ese Consejero no querría ver lágrimas. El reino debe seguir luchando. Y, ¿por qué no? Seguir buscando el Corazón Azul que un día se esfumó de su trono.

Esta historia surge gracias a la persona que me llama "reina". Necesitaba salir a la luz. Gracias, princesa de fresa. Te quiero.

4 de julio de 2013

Su puta sonrisa (processing)

Prototipo de chico: rubio y ojos claros. 
Mi vida se basa en romper prototipos, incluso los míos propios. Ya sabéis cómo es el hombre de mis sueños, un Jared Leto con veinte años menos, y sin embargo, aquí estoy, pasándolo por alto.
Después de todo, sé que no es nada, sino más bien lo mismo de siempre... Lo que muy fuerte empieza, pronto termina y más duele ser superado, pero no puedo evitarlo...
Hay sonrisas que enamoran y luego está la suya.
En realidad, no es sólo una sonrisa, es todo lo que hay detrás. Todo eso que debe tener el prototipo, todo  eso para lo que no hay palabras... Todo eso que, como siempre, no está bajo unos ojos claros, sino lo contrario, y lo más raro es que cuando una sonrisa enamora, todo lo demás carece de importancia.

5 de junio de 2013

Tan alto como el cielo.

Personas sin las que no puedes vivir, eso es lo que forma un corazón. Hay gente que tiene más y gente que tiene menos.
Los trozos de corazón son frágiles y caprichosos, teniendo en cuenta que son tuyos, pero no dependen de ti y los puedes perder. Cuando un trozo de corazón se destruye, es un estado constante de agonía, es sentir durante un tiempo indefinido el agua helada contra tu cuerpo cuando te tiras desde un acantilado durante una noche de invierno.
Por suerte o por desgracia, el trozo más grande de mi corazón fue destruido. Él, la persona a la que más quería, a la que puse en un pedestal tan alto como el cielo, tan protegido que nada le haría caer... Y un buen día, decidió bajar de su trono, corrompiendo el resto del corazón.
Desde ese momento, empecé a darme cuenta del valor que tiene una persona que llega a ser un trozo de corazón. Sin embargo, no aprendí cómo cuidarlos a todos.
Cuando no llevas el suficiente cuidado con uno, éste se pica, se va vaciando y se convierte en una cáscara. Lo más curioso es que a pesar de vaciarse, para ti es importante, sigue latiendo.
Los latidos son cada vez más intensos, como una señal de alarma, hasta el punto de que te parten el pecho, queriendo escapar de esa prisión que forma la caja torácica.
En cuanto suena la alarma, sabes que tienes que ponerle remedio y cómo lo hagas depende sólo de ti, ya que el trozo de corazón ha cumplido su función.

2 de junio de 2013

Lavado cara. Mismo corazón.

Esta es una de las pocas veces en las que tengo claro lo que quiero. Sé cuál es mi sitio y a quién quiero tener a mi lado. Sé lo que quiero mantener. Tengo claro quiénes forman mi corazón. Más que nunca.
Cristina.
Sandra.
Desireé.
Josevi.
Domingo.
Os digo que os amo, que os quiero (excepto a Sandra, que la alleo), pero esas palabras se usan demasiado ahora mismo. Muchas veces, sin ni siquiera sentirlo. Estoy harta de mentiras que abundan en el aire, que cobran vida propia y se apoderan de almas ajenas.
Y como no llevo demasiado bien eso de las promesas, os hago un juramento, aquí, ahora, que no olvidaré en toda mi vida:
Haré lo imposible por no perderos
 No sé si sabéis por qué no llevo bien lo de las promesas... Es algo pasado, que os explicaré si queréis, porque aunque le haga a este blog un lavado de cara, sigo manteniendo el mismo corazón roto que os quiere con cada trocito que sigue latiendo.
Es un te quiero de los de verdad, no es por cumplir. Os quiero, muy mucho.

16 de abril de 2013

Retazos de un todo (1)


Salir de la universidad hacia la estación. Subir al tren. Poner la música alta. Volar en las vías. Jamás habría imaginado que mi día a día sería así.

Hacer amigos, de nuevo. Yo que ya tengo amigos, que son lo mejor que me ha pasado, y por circunstancias de la vida, no puedo verles tanto como quisiera. Pasan los días sin sus abrazos y soy consciente de que algo dentro de mí se va enfriando, que llegará un día en el que ya no habrán más abrazos, pero haré lo imposible por evitar que llegue ese día.

Josevi, Domingo, Desireé, Sandra, lo repetiré las veces que haga falta, poder consideraros mis amigos es lo mejor que me ha pasado en la vida. Sé que no vivir en el mismo sitio es una putada, pero ya tengo un motivo (muy grande) para sacarme el carnet de conducir.

He dejado atrás a personas maravillosas que un día fueron mis mejores amigas y ahora no sé nada de su vida. Sandra, Lorena y Leti, mi rubia. Todavía sonrío cuando las recuerdo. Todo lo que pasé con ellas fue fantástico. Sin peleas, sin comederos de cabeza. Todo sonrisas y abrazos. Daría cualquier cosa por volver a tenerlos a diario.

Mi meta era ser ingeniera, no tenía muy claro de qué, pero no me importaba. Ahora mi meta es mucho más grande, es luchar contra el tiempo por ellos hasta que lo único que quede sea la muerte, y más allá, el infierno.

Recuerdo cuando mi mayor propósito era no perderle, pero en realidad, poco importa ya. Somos conocidos, lo he asumido, no voy a llorar más por esa pérdida que tan poco valor tiene.
Nunca entenderé cómo pude llegar a quererle tanto sin obtener beneficio alguno.
Quizá suene egoísta, pero es así. Una relación que no te aporta nada, no vale nada. Así era ésta, por ambas partes. Si lo pensamos bien, cualquiera puede dar lo que había ahí. En el fondo, era una tapadera para no estar solos ese tiempo, considerarnos amigos porque necesitábamos un punto de apoyo, en otras palabras, un fracaso.

De todo error se aprende y yo he aprendido que debo ser mi propio punto de apoyo, girar sobre mí misma, sin ningún eje al que seguir, trazando mi propia órbita en el cielo, en definitiva, vivir mi propia vida.

12 de marzo de 2013

El primer eje.

El tiempo pasa y apenas me doy cuenta. Vivo cada día sin ser consciente de ese segundero que nunca se para y precisamente hoy, se ha detenido un instante.
El instante en el que mi corazón se ha parado, como hacía meses que no lo había hecho. El culpable es él. La persona a la que va dedicada este blog: el primer eje.
Una persona puede pasar a ser un eje sobre el que giras en menos de un segundo, bien sea por amor, por instinto o simplemente por el miedo a caer en lo desconocido. 
Yo no sé por qué pasó a serlo, pero sé que aún hoy, cuando miro atrás, caigo a la misma órbita en la que estuve dando millones de vueltas. No es demasiado tiempo, pero sí el suficiente como para recordarlo todo, con sólo un minuto... Su mirada, su risa, su alegría, su color, su sabor, su olor... Y todo duele.
Sé que nunca podré arrancarle del todo, que siempre estará ahí, es cuestión de aprender a convivir con el dolor, técnica que hace ya más de seis años puse en práctica y que todavía hoy sigo sin tener perfeccionada. Creo que nunca sabré vivir con ese dolor, pero es lo que me toca.
Sin embargo, por mucho que duela, no fue tan mal. Él me enseñó a luchar por un imposible, a creer que se puede conseguir, a tener esperanza, a ser paciente, constante, y de hecho, yo tuve lo que jamás habría imaginado...
La verdad es que cada uno de los ejes sobre los que he girado me ha enseñado algo, pero ninguno se mantiene tan firme como el primero.
Quizá sea por ese motivo por el que es el más fuerte, porque es el primero. La base de todo. Lo más profundo.

4 de marzo de 2013

Será como si nunca nos hubiéramos salido de la línea.

Como siempre, aquí estoy, intentando calmar el dolor que siente mi alma. El dolor que nace al  escuchar palabras afiladas como cuchillos que provienen de la persona que más quieres. Quizá esas palabras no pretendían herir, quizá fueran las palabras más sinceras que hayan entrado a tus oídos... Sin embargo, no puedes evitar pensar que eso de que lo más grande que te puede suceder es que ames y seas correspondido es una farsa. Sí, como lo leéis, una puta farsa.
Que ames y seas correspondido no lo es todo. A veces, ni siquiera eso basta. Hay muchos más factores y no siempre son favorables a ese sentimiento. En mi caso, tengo que admitirlo, no sé luchar contra ellos y no puedo permitirme el lujo de invertir mi tiempo en aprender a hacerlo.
Y entonces llega una pregunta a mi cabeza.
¿Ahora qué?
Respondo como he aprendido a hacer, como mejor sé.
Ahora nada. 
Recuerdos, vista monocromática, dos litros de sangre fría y la caja rosa, es todo lo que necesito para fabricar una fúnebre barrera que pueda soportar las erupciones que brotan de este corazón. En otras palabras, vuelvo a prometer que no saldrá una lágrima.
Es como hace seis meses, sólo que sin continuación, será como si nunca nos hubiéramos salido de la línea, dijiste. Será todo lo que quieras. Tú llevarás tu peso y yo el mío, sin apoyos. Tú tropezarás y yo iré cayendo libremente al vacío. Esta vez no quiero tu mano. No quiero que me ayudes a levantarme, porque no caeré tantos metros.
Y sólo por si te preguntas cómo me levantaré, será con la ayuda de aquél que me enseñó a jurar y no a prometer.

6 de febrero de 2013

Game over.

Todos sabemos lo que es sentirte solo aunque estés rodeado de gente. Todos hemos sido egoístas e hipócritas en algún punto de nuestra vida. Y yo me incluyo en el saco.
Se empieza queriendo... Cuando quieres a alguien, indirectamente, ya le estás diciendo "Vamos, ya me puedes hacer daño". Esa persona puede hacerlo o no, y tú no puedes impedirlo. Nadie puede.
Sin embargo, todo se incrementa cuando quieres a alguien más que a cualquier otra persona, de esa extraña forma que queremos a veces... Cuando sonreímos con una mirada, cuando un abrazo significa flotar en una nube y con un beso se puede llegar al infinito. Sí, esa manera de querer en la que la otra persona pasa a ser el eje sobre el que giras, el motivo por el que vives e incluso tu propia vida...
Querer tanto implica que el dolor sea más fuerte, más duro, más intenso y más angustioso. El dolor que sientes es de ésos que parece que duran una eternidad. No tienes ni la más remota idea de como afrontarlo, no sabes como vas a saltar ese vacío...
Me gustaría poder decir que un día consigues saltar y superar el dolor. Pero no es mi caso. No ahora mismo. Por otra parte, sé que lo haré, que hay cosas peores, más dolorosas e irreparables, que ésto no es nada. Es sólo un juego. Un juego en el que siempre se está haciendo daño, y yo ya he acabado la partida, con el corazón hecho pedazos, como indican las reglas que debe estar el ganador. ¿Y quién sabe? Quizá ganar esta partida no sea tan malo...
Al final he comprendido quiénes tienen un "siempre" ganado, que se mantiene hasta en las vidas que haya después de la muerte, si es que hay alguna. Aquéllas personas a las que no quiero, amo, con toda mi alma. Las únicas que vuelven a unir los pedazos de corazón que se desprenden. Las que no prometen, juran.

30 de enero de 2013

Volver la vista atrás.


No hace mucho tiempo y sin embargo, a mí me parece una eternidad volver a leer ésto.
¡Cómo pasa el tiempo, enano! Hace casi tres años que nos conocemos, no es mucho tiempo, pero el suficiente como para afirmar que eres mi mejor amigo.

Eres una de esas personas que merecen la pena, de ésas que no hay que perder. Hemos pasado muchas cosas juntos y no voy a recordártelas todas, pero quiero hacer hincapié en esos momentos (que son pocos, pero están ahí) en los que me has apoyado cuando estaba mal, me has demostrado que cada vez que te necesite, estarás a mi lado.

¿Sabes? Cuando nos conocimos, nunca llegué a pensar que pudieras significar tanto, eras el chico listo de última fila, nada más, y en este tiempo has pasado a formar parte de los cimientos sobre los que construiré el resto de mi vida.
Me has sacado una sonrisa en innumerables ocasiones, desde que entraste por la puerta de la AG-21 en primero de bachillerato con la noticia de que “traicionabas” a los de ciencias y pasabas a ser un investigador, hasta que el tiempo decida que dejemos de vernos. Muchas veces has pensado que no merecía la pena haberte cambiado, pero gracias a esa decisión te tengo ahora y es algo muy grande (así que no quiero volver a escuchar que te arrepientes de eso).
Tal vez debería disculparme también, por aquello de que iba a sustituirte… Jamás podría. En fin, sé que no me creíste, siempre te he demostrado que te quiero como mejor he podido (hay pruebas de ello… jajaja) y entonces ya era tarde para negarlo.
Me gustaría decirte que recuerdo el primer abrazo que me diste, pero no puedo mentirte, no lo recuerdo, ha habido muchos desde entonces. Sin embargo, lo que sí puedo decirte es que tus abrazos (todos y cada uno) tienen el don de curar, sí, como lo lees, parecen estar hechos especialmente para descargar, ¿y sabes qué es lo mejor? Que habrá muchos más, porque incluso dentro de veinte o treinta años, cuando te vea por la calle, te abrazaré, como ahora.
Una vez una amiga me dijo que tú me querías más de lo que yo pensaba, y como soy una incrédula, pasé del tema. Siempre he pensado que para ti era una amiga más, así como también hubo momentos en los que pensé “¿Qué cojones estoy haciendo?”, y la verdad, fueron muchos. Me tenías harta de tanta vaguería y pasividad, joder, pero ya era tarde, te habías colado en mi corazón y te habías clavado ahí, en lo más hondo. Me tragaba mis pensamientos y trataba de ayudarte en todo lo que podía.
Recuerdo las numerosas ocasiones en las que no querías ni que se me pasaran por la cabeza esos famosos "te voy a perder". Te enfadaba que te lo dijera, y lo siento. Cuando te cansaste de que te los repitiera, me dijiste que era una boba, que me dejase de estupideces, que no te iba a perder, me gustara o no... Y para variar, no me lo creí, pero no te dije nada más, hasta hace apenas una semana, cuando me dijiste que no me querías perder. Ya sabes que tengo el corazón (un poco, demasiado) blando, se me escaparon dos lágrimas (apuesto a que eso no lo sabías) y fue precioso, en serio, me estabas diciendo exactamente todo lo que yo sentía por ti. Por lo tanto, decidí mandar a la mierda mi incredulidad, total, para lo que me servía...
Bueno, supongo que estarás harto de leer, pero tu dieciocho cumpleaños debía tener un discurso de los míos de una extensión considerable, ya no por la mayoría de edad, es más bien por el cambio. Aunque sigas ahí, ya no eres ese niño de instituto que conocí, eres mi mejor amigo, lo diré dondequiera que me ponga (más que nada para que tengan envidia) y como tal, tienes que aguantarme durante mucho tiempo, eso sí, ya sin discursos.
En efecto, sobran palabras y todo esto se puede resumir en un “Feliz cumpleaños, negro. Te quiero”, pero sabes tan bien como yo que esas palabras hoy en día se usan demasiado, así que he decidido ahorrármelas aquí y decírtelas a la cara, porque después de todo esto, no podría decirte otra cosa.
Después de todo, lo que te escribí es cierto. Te quiero como a nadie, eres el mejor amigo que he podido tener y los dos últimos años han sido increíbles. No quiero que todo eso se pierda. 
Sí, me como muchísimo la cabeza, es cierto, pero... Es miedo a perderte. Siempre lo he tenido, lo sabes. Creo que es normal que ahora se acentúe... pero aún así, aquí estoy. Puedes contar conmigo para lo que sea, es la última vez que te lo digo.
Supongo que ya está. Aquí estaré hasta que quieras, como si se pasa la mitad de mi vida.

20 de enero de 2013

El tercer trozo de corazón.

Supongo que recordáis eso de las tres personas más importantes de mi vida. Sí, esas tres personas que me han marcado, ésas por las que me levantaba cada día... Sin embargo, un día me di cuenta de que las cosas cambian. Vi que esas personas son importantes, pero no tanto. Quizá no pueda vivir sin las tres, pero sin una sí.
Cuando decidí sin cuál de las tres podía vivir, sin quererlo, acababa de repartir mi corazón. Y me acordé de este momento:

 Tú eres mi corazón. ¿Acaso podría yo vivir sin mi corazón?
Justo cuando escuché esa frase, pensé en el trozo de corazón que tenía la tercera persona. No me lo había devuelto. Lo peor es que todavía lo tiene consigo, y cada vez que pienso en esa persona, se me cae el alma a los pies.
En el pecho se clava una flecha. Los ojos se cierran e intentan buscar un recuerdo, intentan encontrar un bonito recuerdo que haga que todo ese dolor merezca la pena...
Antes lo encontraban...  Ahora ya no.
Cuando vuelven a abrirse, lo tienen claro. Hay que recuperar ese trozo de corazón cueste lo que cueste, porque si duele que vuelva, duele aún más no tenerlo a salvo.
Y hasta que llegue el momento de exigir que vuelva contigo, piensas en los otros dos. Están seguros con esas dos chicas maravillosas. Las únicas que me han demostrado que saben cuidar algo tan valioso como una amistad. Las dos que entienden por qué un no te voy a perder no se promete, pero lo hacen, cada una a su modo.

Que mi hermana se muera si te dejo.
Sí, estaré contigo. Sí de siempre.