Esa persona especial por la que das todo lo que puedes, y que a veces, sólo a veces, se percata de que estás ahí... Mientras tanto sigue su ritmo, y tú, como una idiota que no tiene cosas más importantes que hacer, le esperas.
¿Cuánto tiempo puedes seguir así? Ni si quiera tú lo sabes... Sólo intentas no pensar en eso, pero es algo que está ahí siempre, que sale a la luz cuando ves que esa persona sigue su vida y está bien sin ti.
En ese momento te preguntas qué ha pasado con lo que le has dado, dónde lo guarda, si es que todavía lo conserva... No quieres ni imaginarlo porque temes lo peor, y es en ese momento justo cuando brotan la rabia, la inseguridad y la angustia.
Sabes que puede seguir sin ti, pero para ti seguir sin él es como cruzar el océano nadando... Sin embargo, gracias a todos esos sentimientos que se generan en tu interior, eres capaz de seguir adelante; y si no puedes cruzar el océano nadando, podrás escalar el Everest o incluso volar a las estrellas, porque si una cosa es imposible, habrá otras que no lo sean.