Cuando decidí sin cuál de las tres podía vivir, sin quererlo, acababa de repartir mi corazón. Y me acordé de este momento:
Tú eres mi corazón. ¿Acaso podría yo vivir sin mi corazón?Justo cuando escuché esa frase, pensé en el trozo de corazón que tenía la tercera persona. No me lo había devuelto. Lo peor es que todavía lo tiene consigo, y cada vez que pienso en esa persona, se me cae el alma a los pies.
En el pecho se clava una flecha. Los ojos se cierran e intentan buscar un recuerdo, intentan encontrar un bonito recuerdo que haga que todo ese dolor merezca la pena...
Antes lo encontraban... Ahora ya no.
Cuando vuelven a abrirse, lo tienen claro. Hay que recuperar ese trozo de corazón cueste lo que cueste, porque si duele que vuelva, duele aún más no tenerlo a salvo.
Y hasta que llegue el momento de exigir que vuelva contigo, piensas en los otros dos. Están seguros con esas dos chicas maravillosas. Las únicas que me han demostrado que saben cuidar algo tan valioso como una amistad. Las dos que entienden por qué un no te voy a perder no se promete, pero lo hacen, cada una a su modo.
Que mi hermana se muera si te dejo.
Sí, estaré contigo. Sí de siempre.