Jamás imaginé que un simple resfriado después de año nuevo pudiera traer tantos recuerdos. Recuerdos de mi Nochevieja con medias de verano y calcetines. No era mi primera Nochevieja con esa vestimenta. No es el primer resfriado que pillo por ir descalza cual saltimbanqui en un circo. Cierto es que no era la misma compañía y tampoco tenía la misma felicidad...
Sin embargo, en aquel momento, para mí fue la mejor entrada de año y el resfriado más llevadero de mi corta vida. Pasamos horas enviándonos mensajes de texto escritos a toda velocidad, con el dedo puesto en el botón, para abrirlos en cuanto notásemos la vibración del móvil. El tiempo medio de espera hasta que recibíamos el mensaje era de setenta y cinco segundos.
Esa Nochevieja me dio la sensación de que el tiempo de espera era incluso menor, mis dedos iban al ritmo de mis pies descalzos andando por el suelo, casi volando para no notar el frío. Recuerdo que no podía estar acostada, que temblaba como un flan cuando me tumbaba. Él estaba a tres manzanas de mi casa, demasiado cerca como para poder dormir y demasiado lejos como para salir andando a las cuatro de la madrugada con aquellos años. Así que me dediqué a dar vueltas y vueltas como una loca por mi habitación, con una camiseta, unas medias y un par de calcetines como pijama. A las cinco ya no podía más, caí de espaldas en la cama cuando leí su "Voy a comer churros, descansa y en unas horas hablamos. Un beso" y le hice caso.
Me levanté estornudando y mi inmediata fue contárselo. Su resaca me dio los buenos días, se rió de mí, me dijo que era una tonta, que me echara una manta por encima y siguiese durmiendo. Creía que quería que le dejase tranquilo, pero siguió enviándome mensajes, me estuvo llamando tonta durante todo el tiempo que estuve resfriada.
Meses después me enteré de que esa Nochevieja, mientras me enviaba mensajes, estuvo con otra.
Supongo que no fue, ni es, ni será para mí. En realidad, caí muchas veces hasta que comprendí que me estaba matando a mí misma.
Ha pasado mucho tiempo desde que afirmaba que era la persona a la que más quería... Él es la persona que más daño me ha hecho... y aunque no lo creáis, no le guardo rencor alguno. Fue precioso. Todo. Y ahora, es un conjunto de recuerdos desordenados. Recuerdos agridulces. Recuerdos que, afortunadamente, ya no duelen. Recuerdos de un amor incondicional que, de algún extraño modo, he podido volver a sentir.