28 de mayo de 2012

NO ES UN "ADIÓS"...

ES UN ¡¡HASTA PRONTO!!
...Y EN TU NUEVA ETAPA...
QUE LA SUERTE ¡SIEMPRE TE PERSIGA!
(Y SIEMPRE... ¡SIEMPRE TE ALCANCE!)

"Celia, amor, el día de tu marcha ha llegado. A partir de hoy ya no eres de instituto. Ya eres mayor. Ya eres universitaria.
Como ya sabes, este último año no ha sido el mejor para mí, pero ahora que te tengo a ti, todo es mucho mejor.
Cuando empecé las clases en septiembre, no sabía ni tu nombre, y ahora, en mayo, me sé casi toda tu vida. Antes no sabía ni siquiera de tu existencia y ahora eres una parte fundamental en mi vida. Ya no imagino mi vida sin tus abrazos, sin tus paranoias, sin tus hostias, sin tu sonrisa, sin tus "se me ve el culo", sin tus "eres pava", sin ti. Un amigo es un tesoro y un tesoro es difícil de encontrar, pero yo he encontrado el mejor del mundo: TU AMISTAD. Eres una de esas amigas de las que dicen la verdad a la cara aunque duela, de las que anima con sólo verte mal, de las que te abraza con dulzura, de las que siempre están ahí.
Ya sé que no es una despedida, pero necesitaba decir adiós a mi Celia de instituto, esa Celia de la que recibía mi primer abrazo cada día, de esa Celia por la que me levantaba a las siete de la mañana sin ninguna necesidad, de esa Celia por la que, aun estando yo enferma, me conecto al tuenti sólo para hablar con ella.
En estos meses he conocido a gente genial como Desi, Domi o Carmen, pero tú eres la que más se ha agarrado a mi corazón.
No hace falta decir que me tienes para lo que sea, que aunque no sea capaz de darte las hostias que te mereces, aquí tienes una amiga PARA TODA LA VIDA.

PD. Yo te esperaré (ahora mismo la estoy escuchando, la radio).

Te amo".

7 de mayo de 2012

Decepción.

Es lo peor que puedes sentir, porque te duele y la culpa es sólo tuya.
Creías que podía salir bien, todavía tenías algo de esperanza. ¿Dónde está ahora? Rota. Eso sí es culpa suya. En tres palabras asesinó tu felicidad como si de una hormiga se tratara. Quizá no lo hizo a propósito, pero el daño está hecho.
Te ves diferente, piensas que ya no merece la pena estar a su lado, crees que todo lo que has hecho no ha servido de nada... No te apetece ver a nadie, tus abrazos no están cargados, no como antes. Pasas dos días sin querer ver a nadie, ni siquiera tu propio reflejo en el espejo del cuarto de baño. Intentas que el tiempo pase lo más rápido posible para superar la pérdida, hasta que le ves. Esa persona a la que le has dado tanto... Sientes lo mismo y no te explicas el cómo ni el por qué. Sin embargo, haces caso omiso a tu corazón, ya ha recibido bastantes golpes, ya le han arrebatado aquéllo que guardaba en lo más profundo. No vas a pasar por lo mismo, no otra vez. Te cierras en banda, no quieres ver sus ojos por miedo a caer otra vez, aunque sabes que tendrás que enfrentarte a ellos, de nuevo.
Dejas que el tiempo corra lo más rápido posible, intentas actuar cómo si todo siguiera igual con ese fin. No lo consigues. Nota que te pasa algo. Algo, sí, pero es un algo que no se puede decir, o al menos, no se lo puedes decir a él. Así que con tus pensamientos y sentimientos envuelves tu corazón de manera que quede aislado de él. Funciona. Harás eso, protegerás tu corazón hasta que se pase. Todo va bien. De repente, sin venir a cuento, te toca. Se te cae el mundo a los pies. Le miras. Se ha preocupado... pero no es suficiente. En otro momento habría sido perfecto... ya no.
A pesar de todo, te ha tocado la vena sensible y ha sido capaz de desmoronar esa muralla protectora con tan sólo una caricia. Ahí te das cuenta: te puede hacer mucho daño, quizá más del que piensas.