8 de marzo de 2012

Va por ti, amor.

No tengo una razón específica para quererte, ese sentimiento nace dentro de mí.
Ese sentimiento que crece día a día gracias a nuestros actos, a nuestras miradas y a nuestros corazones, porque todos esos momentos que pasamos juntos, todos esos momentos que me regalas y todas las sonrisas que me dedicas... todas esas cosas hacen que merezca la pena estar contigo y darte todo lo que puedo.
Y por encima de todo están los abrazos, los abrazos que nos unen y alivian el alma. Los abrazos que nos hemos dado, con tantos complementos que acompañan, como caricias, suspiros, apretones, sonrisas, "te quieros", piropos, despedidas, e incluso lágrimas... Sí, aún recuerdo ese abrazo... Eres el único apoyo que tengo aquí. Y después de decir eso me diste las gracias... No quería soltarte, no quería que te fueras, y me hiciste caso. Volviste tras una hora de reflexión solitaria, dedicándome esa sonrisa que me encanta. ¿Y sabes cuál ha sido la última? Hoy. De nuevo sonrisas, palabras que salen del alma... y esa mirada que adoro, que me dice que me quiere sin palabras. ¿Por qué digo "hoy"? Porque hoy la has mantenido en mis ojos y nos hemos abandonado a la vez. Sé que no tiene nada de especial, pero me ha gustado que fuera así. Sinceramente, me gusta que sea así.