24 de junio de 2012

Los sueños también se rompen.

Llevo varios días dándole vueltas a la cabeza. No sé cómo enfrentarme a todo lo que se interpone entre él y yo, la distancia, el puto mendrugo que está siempre ahí y mi niña, que me necesita más que nunca. Últimamente les comparo demasiado. Pensaba que estaba resuelto, que él era muchísimo mejor, pero es extraño. Es extraño que ése me demuestre más que él, es aún más extraño que en todo este tiempo le haya visto más que a él... Que no le importo es una opción que odio valorar, más que nada porque siempre acabo descartándola. Realmente, sé el motivo de nuestro distanciamiento pero... no es algo agradable de contar, al menos para mí. Lo dejaré pasar. Ya me buscará si le da la gana.
La verdad es que empiezo a estar harta. No quiero odiarle, pero sería la forma más rápida para dejar de darle vueltas. Además de que encontraría motivos para hacerlo, seguro. Sin embargo, prefiero dejarlo un tiempo más. Será que le quiero demasiado como para pasar al odio, claro que él tiene la culpa, pero no es consciente de ello. Pensará que estaré siempre. ¡Qué ironía! Que yo esté siempre, cuando él ni lo intenta... Lo siento queridos, me puede el orgullo. Sí, ésa es mi conclusión final, porque esta mañana me he levantado pensando "Los sueños también se rompen" y el orgullo es el culpable.