25 de diciembre de 2012

Ensayo de despedida.

Siempre has sido una de las personas más importantes para mí, pequeño. Pero ahora, fíjate...
Pertenecemos a mundos distintos y la distancia entre nosotros es cada vez mayor. La verdad es que no sé por qué me extraña, ya lo veía venir. Te dije que no quería perderte y aunque no lo creas, lo intento. Sin embargo, es una de las promesas que en mi vida podré cumplir. Cada día que pasa la confianza decae y tú te alejas. ¿Sabes? Odio echarte de menos cuando tú ni siquiera te molestas en recordar que existo.
"Que estés una vez de cada veinte no ayuda, porque si eres un amigo de verdad, tienes que estar siempre". Nunca olvidaré esa lección.

Perder y ganar son dos caras de una misma moneda. Así que supongo que mi suerte ha decidido darle la vuelta a la moneda contigo. Quizá el tiempo que pasamos juntos sea todo lo que nos quede.
Fue bonito tenerte, estar contigo y ser una de tus mejores amigas. Créeme, fue casi perfecto.
Ahora es sólo un recuerdo. El problema es que al recordar, el corazón da un vuelco, porque me guste o no, fuiste el mejor amigo que una persona podría tener y por suerte o por desgracia, aún te quiero.

Pero no te preocupes, pequeño, pronto serás sólo eso, un recuerdo. Un recuerdo que tendré de por vida, como un tatuaje, y hasta que tenga el valor suficiente para arrancarme ese trozo de piel, sólo puedo esperar que encuentres una persona a la que no le duela cuando la marques con esas agujas tuyas. Una persona que sea capaz de soportarte, y sobretodo, que no haga lo que yo hice. Que no te pierda nunca.