16 de abril de 2013

Retazos de un todo (1)


Salir de la universidad hacia la estación. Subir al tren. Poner la música alta. Volar en las vías. Jamás habría imaginado que mi día a día sería así.

Hacer amigos, de nuevo. Yo que ya tengo amigos, que son lo mejor que me ha pasado, y por circunstancias de la vida, no puedo verles tanto como quisiera. Pasan los días sin sus abrazos y soy consciente de que algo dentro de mí se va enfriando, que llegará un día en el que ya no habrán más abrazos, pero haré lo imposible por evitar que llegue ese día.

Josevi, Domingo, Desireé, Sandra, lo repetiré las veces que haga falta, poder consideraros mis amigos es lo mejor que me ha pasado en la vida. Sé que no vivir en el mismo sitio es una putada, pero ya tengo un motivo (muy grande) para sacarme el carnet de conducir.

He dejado atrás a personas maravillosas que un día fueron mis mejores amigas y ahora no sé nada de su vida. Sandra, Lorena y Leti, mi rubia. Todavía sonrío cuando las recuerdo. Todo lo que pasé con ellas fue fantástico. Sin peleas, sin comederos de cabeza. Todo sonrisas y abrazos. Daría cualquier cosa por volver a tenerlos a diario.

Mi meta era ser ingeniera, no tenía muy claro de qué, pero no me importaba. Ahora mi meta es mucho más grande, es luchar contra el tiempo por ellos hasta que lo único que quede sea la muerte, y más allá, el infierno.

Recuerdo cuando mi mayor propósito era no perderle, pero en realidad, poco importa ya. Somos conocidos, lo he asumido, no voy a llorar más por esa pérdida que tan poco valor tiene.
Nunca entenderé cómo pude llegar a quererle tanto sin obtener beneficio alguno.
Quizá suene egoísta, pero es así. Una relación que no te aporta nada, no vale nada. Así era ésta, por ambas partes. Si lo pensamos bien, cualquiera puede dar lo que había ahí. En el fondo, era una tapadera para no estar solos ese tiempo, considerarnos amigos porque necesitábamos un punto de apoyo, en otras palabras, un fracaso.

De todo error se aprende y yo he aprendido que debo ser mi propio punto de apoyo, girar sobre mí misma, sin ningún eje al que seguir, trazando mi propia órbita en el cielo, en definitiva, vivir mi propia vida.