7 de septiembre de 2013

Un día épico.

Es impresionante la cantidad de cosas que podemos sentir en una noche y las diferentes formas que tiene de manifestarse eso que llaman "amor".
Ya sabéis que mi corazón está roto, pero que sigue latiendo por Corazón Azul. Y en realidad, no sigue latiendo por un reino, sigue latiendo por las personas que hay en él. Esas personas no son mis súbditos, son mis amigos. Y creédme, son los mejores amigos que nadie ha tenido nunca. Somos muy diferentes, pero nos queremos. Sólo por eso, somos grandes.
No pensé que un día épico como iba a ser ayer fuera a acabar así, descubriendo cuán grandes somos. Eso hace que sea aún más épico.

Todo empezó con una mañana de reencuentros, es decir, alegría. Planificada estaba una noche de despedida. Una noche que anunciaba tristeza. Lo que ninguno sabíamos era cuánta. Tanta como para estar una madrugada en vela. Esas horas de la noche nos hacen recordar todo lo sucedido.
Recuerdo que mi curiosidad empezó hace unos días. Quería saber qué era aquello que había hecho que mi Consejero fuera exiliado. Y la verdad, sólo cuando lo tuve entre mis manos lo pude entender. Recuerdo que tuve miedo, pero había hecho aquello con un propósito. Al menos, eso era lo que yo creía.
Lo creía, sí. Ya no lo creo. Después de lo que vi anoche, he cambiado de parecer. Jamás pensé que sería así y mucho menos que pudiera doler tanto.
Es en la madrugada cuando empiezas a recordar conversaciones y actos, todo lo que te ha marcado.
Han envenenado a tu Príncipe Azul.
Y en ese momento, cuando estábamos los dos solos, se me derrumbó el mundo. Sentí unas enormes ganas de llorar. Jamás le había visto así. Sin embargo, me dediqué a parecer una auténtica reina y sonreí.
No importa, yo te quiero igual, estés drogado o sin drogar.
¿Con lentillas y sin ellas, no?
El "Cállate" que le solté a mi corazón cuando le escuché recitar lo que yo había redactado fue increíble.
Exacto. Eres mi Príncipe.
Creo que ha sido la noche más larga de toda mi vida. Estaba preocupada, pero a la vez, no quería saber nada más. Supongo que tenía miedo. Miedo de que no estuviera bien.
Hoy me he enterado del resto de la historia, pero no es mía. Mi historia fue el dolor en la noche. El mismo con el que me he levantado. Que ha estado ahí, hasta que hemos hablado.
En realidad, está bien. Todo. Ahora lo pienso y... no me hubiera gustado estar en otro sitio. No lo cambiaría. Es cierto que yo no quería que acabara así, pero en el fondo, no pasa nada. Los amigos no están sólo en lo bueno, también deben estar en lo malo. Yo he estado ahí, lo he visto todo y... aunque duela, no importa.

Ahora lo tengo claro, sé que no era miedo lo que sentía, sino amor. Era puro amor. Esa clase de amor que te hace dar la vida por alguien. Esa clase de amor tan incondicional que lo perdona todo. Ese amor que siento por ese séquito de princesas y ese príncipe, que me hace ser mejor persona. Porque los "te quiero" que les digo son de verdad, no por cumplir, y nunca antes me había dado cuenta de lo perfecto que es.