La gente que me conoce sabe perfectamente lo que Don Hucu significa para mí. Aún no entiendo cómo se les ocurre ponerse en una balanza con él, es algo que no me lo explico.
Tengo que querer mucho a una persona para irme con ella y dejarle a él. Sin embargo, pocas son las personas que superan ese límite. Hay que cumplir ciertos requisitos para que eso sea posible, no sé cuáles, es difícil de explicar, pero cuando quieres a alguien, todo es más complicado.
Don Hucu es una de las personas que más quiero, más que a muchas de mis amigas, no me escondo de decirlo, así que decidme cómo es posible que sabiendo ellas lo que le quiero se atrevan a equiparársele. No lo comprendo, de verdad.
"Ya sabes que Celia tiene un imán con él".
"Sí, pero ella sabe que yo soy una buena amiga, y él ha estado pasando de ella todo el puto verano".
Lo que sentí al leer esa conversación fue una mezcla de los peores sentimientos que se pueden sentir por una amiga: un poco de rabia, incomprensión, un puñado de decepción, algo de pena y unas ganas enormes de cruzarle la cara.
Parece mentira... los amigos no se llaman así por salir con ellos un sábado por la noche o invitarles a comer a tu casa, joder, es mucho más que eso; la amistad se mide en putadas perdonadas, en abrazos que curan, en los te quiero que salen del alma, en las lágrimas secadas, las risas... y yo no necesito estar años con una persona para considerarla mi amiga, tan sólo que esté cuando la llame, cuando la necesite.
Por lo tanto, queridas amigas mías, no intentéis poneros a la altura del mejor amigo que he tenido nunca, porque saldréis perdiendo.