Se empieza queriendo... Cuando quieres a alguien, indirectamente, ya le estás diciendo "Vamos, ya me puedes hacer daño". Esa persona puede hacerlo o no, y tú no puedes impedirlo. Nadie puede.
Sin embargo, todo se incrementa cuando quieres a alguien más que a cualquier otra persona, de esa extraña forma que queremos a veces... Cuando sonreímos con una mirada, cuando un abrazo significa flotar en una nube y con un beso se puede llegar al infinito. Sí, esa manera de querer en la que la otra persona pasa a ser el eje sobre el que giras, el motivo por el que vives e incluso tu propia vida...
Querer tanto implica que el dolor sea más fuerte, más duro, más intenso y más angustioso. El dolor que sientes es de ésos que parece que duran una eternidad. No tienes ni la más remota idea de como afrontarlo, no sabes como vas a saltar ese vacío...
Me gustaría poder decir que un día consigues saltar y superar el dolor. Pero no es mi caso. No ahora mismo. Por otra parte, sé que lo haré, que hay cosas peores, más dolorosas e irreparables, que ésto no es nada. Es sólo un juego. Un juego en el que siempre se está haciendo daño, y yo ya he acabado la partida, con el corazón hecho pedazos, como indican las reglas que debe estar el ganador. ¿Y quién sabe? Quizá ganar esta partida no sea tan malo...
Al final he comprendido quiénes tienen un "siempre" ganado, que se mantiene hasta en las vidas que haya después de la muerte, si es que hay alguna. Aquéllas personas a las que no quiero, amo, con toda mi alma. Las únicas que vuelven a unir los pedazos de corazón que se desprenden. Las que no prometen, juran.
Me gustaría poder decir que un día consigues saltar y superar el dolor. Pero no es mi caso. No ahora mismo. Por otra parte, sé que lo haré, que hay cosas peores, más dolorosas e irreparables, que ésto no es nada. Es sólo un juego. Un juego en el que siempre se está haciendo daño, y yo ya he acabado la partida, con el corazón hecho pedazos, como indican las reglas que debe estar el ganador. ¿Y quién sabe? Quizá ganar esta partida no sea tan malo...
Al final he comprendido quiénes tienen un "siempre" ganado, que se mantiene hasta en las vidas que haya después de la muerte, si es que hay alguna. Aquéllas personas a las que no quiero, amo, con toda mi alma. Las únicas que vuelven a unir los pedazos de corazón que se desprenden. Las que no prometen, juran.