Que ames y seas correspondido no lo es todo. A veces, ni siquiera eso basta. Hay muchos más factores y no siempre son favorables a ese sentimiento. En mi caso, tengo que admitirlo, no sé luchar contra ellos y no puedo permitirme el lujo de invertir mi tiempo en aprender a hacerlo.
Y entonces llega una pregunta a mi cabeza.
¿Ahora qué?Respondo como he aprendido a hacer, como mejor sé.
Ahora nada.Recuerdos, vista monocromática, dos litros de sangre fría y la caja rosa, es todo lo que necesito para fabricar una fúnebre barrera que pueda soportar las erupciones que brotan de este corazón. En otras palabras, vuelvo a prometer que no saldrá una lágrima.
Es como hace seis meses, sólo que sin continuación, será como si nunca nos hubiéramos salido de la línea, dijiste. Será todo lo que quieras. Tú llevarás tu peso y yo el mío, sin apoyos. Tú tropezarás y yo iré cayendo libremente al vacío. Esta vez no quiero tu mano. No quiero que me ayudes a levantarme, porque no caeré tantos metros.
Y sólo por si te preguntas cómo me levantaré, será con la ayuda de aquél que me enseñó a jurar y no a prometer.