Campillo decía que no sé la suerte que tengo por tener un corazón tan grande. Lo que él no sabía es que la desgracia también es mayor.
Yo creía que ya había derramado bastantes lágrimas, pero no, por lo visto lo mío nunca va a ser un amor correspondido con nadie, lo mío es un "da todo lo que tienes, que recibirás la nada". Bueno, en realidad no es exactamente nada lo que recibo, lo que tengo es ese puto dolor que no deja respirar, y yo... no quería que volviera.
Estoy harta de toda esta mierda que no deja ver el horizonte. Quería que todo fuese perfecto, queriendo a ese séquito como a mi propia vida... pero, ¿de qué me sirve? ¿Para qué empeñarme en hacer algo que está claro que va a acabar mal? No tiene sentido.
No me esforzaré más. No quiero más dolor del que pueda soportar, y ahora mismo... No puedo. Sencillamente, no puedo. No me sirve el típico "Sécate las lágrimas y sonríe, princesa". Ni pienso secarme las lágrimas ni soy una princesa. Sólo soy una imbécil que atrapa el dolor, lo espachurra y lo encierra en lo más profundo de su corazón, la misma que se halla aquí, escribiendo cuando más le duele.