Tengo esto más abandonado de lo que me gustaría, pero me he dado cuenta de que cada vez que desarrollo una idea, es triste. Así que, en cierto modo, que no escribiera aquí puede que fuera un buen presagio.
Sin embargo, ya va siendo hora de que os diga que si no he escrito es porque no ha sucedido nada triste. Y para cambiar esa racha de entradas tristes y feas, os voy a decir como me siento ahora mismo.
Llevo la semana más improductiva de todo el año, que a su vez, también ha sido la más asquerosamente chachi de todas, a pesar de que he dormido muchísimo menos de lo que me habría gustado.
La razón, para el que no lo sepa, es que me sale una vena moñas tan cursi, empalagosa y adorable, que ya creía muerta. Y es raro, es raro y precioso ver como alguien, horriblemente, se dedica a romper todos tus esquemas mentales y tú no haces nada por evitarlo, sino que, después de todo, le ayudas a que lo haga.
Y eso, queridos, es a lo que me he dedicado, a tener que rectificar la afirmación esa de que no dejaría que nadie tuviese el poder de destrozar mi corazón. Ya es tarde, tengo otra debilidad, y no voy a mentiros, me encanta. Lo adoro. Mucho no, más aún. Adoro que haga que me enfade y que se ría de mí después. Adoro que me soporte cuando estoy en modo "plasta máximo". Adoro que me pueda con un dedo. Adoro hasta que sea un quejica. Y es malo, lo sé, porque eso lo convierte en una gran debilidad (nunca mejor dicho), pero no me importa, porque es precioso. Es precioso y lo quiero. ♥